Me abro en canal otra vez con la necesidad de hablar del proceso vital que atravieso ahora mismo. Estoy viviendo el duelo por la pérdida de una hija, Lola, en la semana 12 de embarazo. Lola sólo tuvo vida durante 8 semanas, suficientes para comunicarse conmigo y susurrarme en sueños su nombre, para vivir juntas los paseos mientras la lluvia y el viento acariciaban mi cuerpo, para gozar de la paz debajo de la ducha habitándonos mutuamente, para hablarnos y escucharnos mientras esperábamos a mirarnos. Vivimos juntas momentos muy dulces y muy agrios, el miedo ante la fragilidad, el miedo ante tu muerte me mantuvo en una burbuja de esperanza y desazón. Yo supe cuando te marchaste, cuando tu corazón dejó de latir, lo sabía y no lo quise aceptar, seguí nutriéndote, seguí intentando que volvieses a la vida, a estar conmigo, con tu padre y con todo los demás animales que pudiste sentir con nosotros. Esos animales que te cuidaron, que me cuidaron, que nos cuidaron y que nos siguen cuidando, cuidándome e cuidándote. Dejaste parte de tu cuerpo físico con nosotros, tu placenta habitará la tierra. Lola, habitas en nosotros, y nosotros habitamos en ti. Gracias por el tiempo compartido.
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2 mar 2014
5 nov 2013
Vivencias del puerperio de un aborto
Buenas!
Removida por una compañera que está viviendo un aborto espontáneo, revivo los momentos de mi último aborto, hace cuatro meses. Mientras escribo las lágrimas inundan mi cara, escribiendo libero muchas emociones. Estoy feliz por poder compartir con vosotros mi experiencia, y lo que me dio el impulso de escribir fue una frase que leí en el facebook "la felicidad no es un sentimiento, es una decisión". Cuando la leí, recapacité y me di cuenta de que es una verdad para mí en estos momentos. Me sorprendí mucho de que fuese así y comencé a pensar que había sido lo que había llevado a opinar así. Sin duda, fue el último aborto espontáneo que viví, en el que dejé que la pena me penetrara hasta lo más hondo de mi ser, viví la frustración de la manera que supe hacerlo, me evadí tomando un par de copas en algunas fiestas del pueblo y bailando casi hasta la salida del sol. Lloré en el mar, en el sol, en el río, en las piedras, en los árboles, en el viento, en la piel, en el vientre. Acompañé la partida de mi hijo durante 40 días. Odié mi cuerpo, maldecí mi situación física actual, me culpabilicé por no ser capaz de conservar la vida desde un punto de vista fisiológico. Apagué al luz de mi deseo de ser madre y lloré aún más. De quejé de lo sucedido y de todas las circunstancias. Al mismo tiempo agradecí todo lo vivido en todo el proceso. Cuidé mi cuerpo, le di su espacio, le permití ser en toda su plenitud. Sané al recoger a mi hijo dentro de su saco cuando lo parí, en mi casa, en mi baño, después de llegar a casa y estar con los míos. Disfruté de cada sesión de cuidado gatuno. Me alegré cuando iba despidiendo a mi pequeño, obtuve mucha paz mientras lo acompañaba en su partida. Viví la satisfacción de parir a mi hijo, de poder tocarlo. Gocé del parto, con mi útero en toda su plenitud, viví como respondía a cada estímulo hormonal. Me conocí íntimamente, miré al infinito de mi ser.
Todo ésto fue posible gracias a estar sumergida en la felicidad, entonces la felicidad pasó a ser una decisión.
Gracias a todos los seres que estuvieron conmigo en el camino, de manera directa o indirecta, gracias por estar aquí.
Buena vida!
Día 17: fase ovulatoria
28 sept 2012
Historia de dos abortos
Hola :)
Muchas veces al pronunciar la palabra aborto vienen a nosotros diferentes emociones, casi todas producidas por nuestro aprendizaje, que depende mucho de nuestras vivencias, tanto las propias como las ajenas, que pasan a ser nuestras en el momento que las escuchamos.
Yo, quiero hablar de mi experiencia, de mis experiencias, de dos abortos completamente diferentes, de dos situaciones vitales e mortales al mesmo tempo.
Hace ahora tres años, decidí abortar, decidimos abortar yo y mi compañero. Fue una decisión dolorosa, aunque vivida desde una total racionalidad y muy poca conexión consciente con la vida que nacía en mi vientre. Cuando tuvimos la visita con la psicóloga, nos contó que si quisiésemos tenerlo, iba a ser muy complicado, puesto que yo tomaba una mediación para la tuberculosis que provocaría problemas en todo el desarrollo embrionario, resultando algunos incluso incompatibles con la vida. En el momento del legrado, el ginecólogo me confirmó que el aborto se habría producido de todos modos aunque no fuese de forma voluntaria. A mí en ese momento, me daba igual que estuviese justificado o no el aborto, yo tenía las ideas muy claras, lo que no tenía muy claro eran mis sentimientos. En lugar de escucharme, de permitirme sentir tristeza, pena, pérdida, duelo... quise seguir bien, era mi decisión, no tiña derecho a la pataleta. Y sin embargo, yo sufría mucho, muchísimo, por la vida que había dejado de crecer dentro de mí, por no haber acogido a ese ser que había formado parte de mí durante diez semanas (el tiempo que tuve que esperar para hacer el legrado). Durante el tiempo que estuvimos juntos, sin pretenderlo, se creó un vínculo, creamos un vínculo, tanto bebé conmigo, como bebé con mi compañero, como nosotras con bebé y también entre nosotras. Al bebé le llamamos Pepiño, y sin querer hacerlo, hablábamos con él, lo sentíamos, incluso nos despedimos de él. Todo esto pasaba sin que nosotros quisiéramos que pasase, o por lo menos, diciéndonos con la mente, que no había vínculo, que no nos daba pena, que tenía que ser así. Y así fue, y callamos nuestra verdad, lo llevamos todo en silencio, por miedo, por vergüenza, por arrepentimiento... por inconsciencia. Le ocultamos el mundo nuestra vivencia, nos la ocultamos a nosotras mismas, la ocultamos en nuestra intimidad, la ocultamos a nuestro ser, en lo más profundo, y acabó por convertirse en una parte más de nuestra sombra. Durante muchos años estuvo con nosotras todo ese proceso sin procesar, cada vez nacían más sentimientos, el grano de arena se convirtió en una playa, y todo por la negación del dolor, del amor, de cualquier sentimiento, de cualquier acción que provocase un desequilibrio. Quisimos borrar el suceso, y si algo aprendimos/aprendí, fue que las heridas no se pueden tapar, dejan cicatriz queramos o no, y hay que lamerlas para que curen.
Hace dos meses, tuve/tuvimos un aborto espontáneo. En éste caso estaba embarazada a los dos meses de comenzar a terne sexo sin precauciones, como dicen habitualmente, de intentar quedarme embarazada. En la séptima semana comencé con manchitas marrones y tardé unos días en ir al medico, cuando fui, se confirmó el embarazo con un test y al mismo tiempo tuve que ir a urgencias con amenaza de aborto. Fui, y me hicieron una ecografía vaginal muy invasiva. En ese mismo día y los siguientes, sangré como si me hubieran cortado, era sangre fresca, de color rojo. Al final el domingo fui a urgencias con un sangrado muy grande y ya no hubo marcha atrás, estaba en el proceso de expulsión del embrión. Me quedé en el hospital, me dieron pastillas para expulsar y al final me hicieron un legrado. Ésta experiencia fue vivida en todo momento, dos días después de la primera eco vaginal, hablé con bebé, Raio, ya que sentí que algo no iba bien, le dije que si no estaba bien, se podía marchar, y que si se quería quedar y luchar, yo estaba aquí para él. Unas horas más tarde comenzó un sangrado grande. Mientras esperaba a expulsar "los restos" todo fue bien, me despedí de Raio y apareció a su lado su hermano, Pepiño. Fue algo muy hermoso y emotivo, me permití el dolor y así encontré paz, me permití la pena y así encontré la alegría. En este caso, conté/contamos lo que pasó y como nos sentíamos, aprendí/aprendimos de ella, fuimos conscientes de como nos sentíamos, lo compartímos entre nosotras, disfrutamos mucho de esta experiencia. Comenzó un viaje a nuestro interior, un viaje muy profundo, que nos dio la oportunidad de sanar la experiencia anterior, de sanar muchas partes de nuestra sombra. Para nosotras, fue un regalo, una experiencia de vida y muerte, que trajo mucha vida y mucha muerte.
Le dedico ésta entrada a todas aquellas madres y padres que tienen hijas olvidadas, que siempre formarán parte da nuestra vida, que son nuestra vida. Y también a aquellos seres que estando poco tempo con nosotras, tanto nos enseñan. Gracias por estar aquí.
Abrazos uterinos <3
Muchas veces al pronunciar la palabra aborto vienen a nosotros diferentes emociones, casi todas producidas por nuestro aprendizaje, que depende mucho de nuestras vivencias, tanto las propias como las ajenas, que pasan a ser nuestras en el momento que las escuchamos.
Yo, quiero hablar de mi experiencia, de mis experiencias, de dos abortos completamente diferentes, de dos situaciones vitales e mortales al mesmo tempo.
Hace ahora tres años, decidí abortar, decidimos abortar yo y mi compañero. Fue una decisión dolorosa, aunque vivida desde una total racionalidad y muy poca conexión consciente con la vida que nacía en mi vientre. Cuando tuvimos la visita con la psicóloga, nos contó que si quisiésemos tenerlo, iba a ser muy complicado, puesto que yo tomaba una mediación para la tuberculosis que provocaría problemas en todo el desarrollo embrionario, resultando algunos incluso incompatibles con la vida. En el momento del legrado, el ginecólogo me confirmó que el aborto se habría producido de todos modos aunque no fuese de forma voluntaria. A mí en ese momento, me daba igual que estuviese justificado o no el aborto, yo tenía las ideas muy claras, lo que no tenía muy claro eran mis sentimientos. En lugar de escucharme, de permitirme sentir tristeza, pena, pérdida, duelo... quise seguir bien, era mi decisión, no tiña derecho a la pataleta. Y sin embargo, yo sufría mucho, muchísimo, por la vida que había dejado de crecer dentro de mí, por no haber acogido a ese ser que había formado parte de mí durante diez semanas (el tiempo que tuve que esperar para hacer el legrado). Durante el tiempo que estuvimos juntos, sin pretenderlo, se creó un vínculo, creamos un vínculo, tanto bebé conmigo, como bebé con mi compañero, como nosotras con bebé y también entre nosotras. Al bebé le llamamos Pepiño, y sin querer hacerlo, hablábamos con él, lo sentíamos, incluso nos despedimos de él. Todo esto pasaba sin que nosotros quisiéramos que pasase, o por lo menos, diciéndonos con la mente, que no había vínculo, que no nos daba pena, que tenía que ser así. Y así fue, y callamos nuestra verdad, lo llevamos todo en silencio, por miedo, por vergüenza, por arrepentimiento... por inconsciencia. Le ocultamos el mundo nuestra vivencia, nos la ocultamos a nosotras mismas, la ocultamos en nuestra intimidad, la ocultamos a nuestro ser, en lo más profundo, y acabó por convertirse en una parte más de nuestra sombra. Durante muchos años estuvo con nosotras todo ese proceso sin procesar, cada vez nacían más sentimientos, el grano de arena se convirtió en una playa, y todo por la negación del dolor, del amor, de cualquier sentimiento, de cualquier acción que provocase un desequilibrio. Quisimos borrar el suceso, y si algo aprendimos/aprendí, fue que las heridas no se pueden tapar, dejan cicatriz queramos o no, y hay que lamerlas para que curen.
Hace dos meses, tuve/tuvimos un aborto espontáneo. En éste caso estaba embarazada a los dos meses de comenzar a terne sexo sin precauciones, como dicen habitualmente, de intentar quedarme embarazada. En la séptima semana comencé con manchitas marrones y tardé unos días en ir al medico, cuando fui, se confirmó el embarazo con un test y al mismo tiempo tuve que ir a urgencias con amenaza de aborto. Fui, y me hicieron una ecografía vaginal muy invasiva. En ese mismo día y los siguientes, sangré como si me hubieran cortado, era sangre fresca, de color rojo. Al final el domingo fui a urgencias con un sangrado muy grande y ya no hubo marcha atrás, estaba en el proceso de expulsión del embrión. Me quedé en el hospital, me dieron pastillas para expulsar y al final me hicieron un legrado. Ésta experiencia fue vivida en todo momento, dos días después de la primera eco vaginal, hablé con bebé, Raio, ya que sentí que algo no iba bien, le dije que si no estaba bien, se podía marchar, y que si se quería quedar y luchar, yo estaba aquí para él. Unas horas más tarde comenzó un sangrado grande. Mientras esperaba a expulsar "los restos" todo fue bien, me despedí de Raio y apareció a su lado su hermano, Pepiño. Fue algo muy hermoso y emotivo, me permití el dolor y así encontré paz, me permití la pena y así encontré la alegría. En este caso, conté/contamos lo que pasó y como nos sentíamos, aprendí/aprendimos de ella, fuimos conscientes de como nos sentíamos, lo compartímos entre nosotras, disfrutamos mucho de esta experiencia. Comenzó un viaje a nuestro interior, un viaje muy profundo, que nos dio la oportunidad de sanar la experiencia anterior, de sanar muchas partes de nuestra sombra. Para nosotras, fue un regalo, una experiencia de vida y muerte, que trajo mucha vida y mucha muerte.
Le dedico ésta entrada a todas aquellas madres y padres que tienen hijas olvidadas, que siempre formarán parte da nuestra vida, que son nuestra vida. Y también a aquellos seres que estando poco tempo con nosotras, tanto nos enseñan. Gracias por estar aquí.
Abrazos uterinos <3
11 sept 2012
Ceremonia de despedida
Esta imagen es del altar que hicimos en la playa para la despedida conjunta de los seres que pasaron por nuestras vidas, mía y de mi compañero, en el tiempo que llevamos compartiéndolas.
Decidimos aprovechar la Luna Llena del día 31 de agosto para dejar ir y sanar las heridas que se produjeron con las pérdidas de nuestros bebés antes de que llegaran a nacer y de los animales a los que intentamos ayudar temporalmente.
Lo que hicimos es muy sencillo y pienso que puede ser efectivo ante cualquier pérdida, siempre y cuando haya un trabajo previo con el tema. Sirve para terminar de soltar y para cerrar acontecimientos relacionados con la pérdida de algún ser querido.
Nosotros estábamos en la playa, así que colocamos un pareo en forma circular y sobre el pusimos una vela protegida con un vasito de cristal para evitar que el viento la apagase, las piedras de los chakras que siempre van conmigo, un incienso en la arena y después recogimos piedras por la playa que representaron los seres de los que nos despedimos. Nos conectamos entre nosotras y decidimos hacer una meditación guiada por Vivi Cervera de ho'oponopono (lo siento, perdóname, gracias, te amo; Vivi Cervera - Ho'oponopono), después cada una estuvo en silencio y descubrimos de camino a casa que las dos hicimos lo mismo, que fue hacer el trabajo de ho'oponopono con cada uno de los seres de los que nos despedimos. Entonces cogimos las piedras en nuestras manos, primero las dos juntas, después cada una por separado y después las dos juntas. Nos levantamos y cogidas de la mano llevamos las piedras con nosotras hasta el mar, nos metimos en el agua y abrimos las manos al mismo tiempo para dejarlas ir con el mar.
Terminado esto, comimos y nos dimos un baño. Esto fue en el cenit de la Luna, cuando aún no era visible en nuestro territorio, así que decidimos volver por la noche a la playa para aullar dándonos un baño bañados por la luz de la Luna y al salir quedarnos en un triángulo de luz hecho con velas e incienso mientras nos secábamos.
La experiencia para mi fue muy positiva, me ayudó a aliviar la carga, así como a recuperar partes de mí que estaban enterradas por esas cargas, es un trabajo que desbloqueó muchas emociones y sobre todo, me proporcionó mucha paz.
Que el sol, la luna y las estrellas, iluminen vuestro camino.
Encarna Llor
Cierre con rebozos
Ayer, 21 de agosto, me hicieron e hice un cierre energético del cuerpo, empleando una técnica mexicana que se hace con rebozos. El rebozo es unha especie de fular hecho con algodón que aguanta peso y tensión siendo a la vez suave y manejable. Con él se cierra el cuerpo después de un parto, un aborto o ante cualquier situación vital que suponga una gran apertura, tanto para mujeres como para hombres.
Lo que se hace es ir cerrando cada pareja articular, así se cierran los tobillos, las rodillas, las caderas, los hombros y la cabeza; además se mecen los miembros inferiores y la cabeza. Al terminar las facilitadoras se quedan acompañando, una en la cabeza y otra en el útero y en el corazón.
Las emociones son muy diferentes, hay mucha liberación, y previa a ella se pasa por momentos de cierta tensión. Los cuales con la presencia de todas las involucradas, consiguen ser más livianos y aliviarse rápidamente. Durante todo el proceso, lloras, ríes, suspiras, bostezas, gimes... resulta muy útil cuando las facilitadoras cantan una nana a tu útero. También es maravilloso notar toda su cercanía en todo el proceso y sobre todo al final, cuando acompañan a tu ser en ese momento de inmersión total en tu interior, uno de los momentos de mayor presencia que se puede vivir. Justo en esa inmersión, la compañera que calienta el útero, calienta el corazón y transmite con su mano, la danza de tu útero, de manera que la pasa al corazón. Así la conexión queda en tu cuerpo, en tu ser, en tu esencia... Descubrir esa danza, y sobre todo recuperarla, es una emoción única e indescriptible. En ese proceso, sientes los úteros de las compañeras latiendo con en tuyo, es otra experiencia única. Después, antes de salir de la crisálida, abres los ojos y encuentras los suyos, y sus sonrisas, sus mimos... la complicidad, la hermandad...
Hasta aquí mi experiencia de que me cerrasen, la de cerrar a alguien es muy enriquecedora, sientes como está, como va cambiando y como termina al final. Le das amor desde el primer al último toque, acompañas a alguien en una viaje a lo más profundo de su ser. Es un regalo.
Recomiendo la experiencia a todas.
Que el sol, la luna y las estrellas, iluminen vuestro camino.
Encarna Llor
10 sept 2012
Rescate uterino de arcilla
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El día 01 de agosto me hicieron un legrado para eliminar "los restos" de un aborto espontáneo. En mi caso estaba todo el embrión dentro, e al no observar expulsión, al no parir, en 48 horas, pues lo que hacen es terminar de soltarlo, además de limpiar bien todo el útero. Después de la operación yo sentí mucho vacío físico, puramente físico, como si me faltara una parte de mí. Ya había realizado un trabajo emocional con la muerte y estaba en paz, así que me costó entender que era lo que sucedía. Se me ocurrió tratar de conectar con mi útero y fue difícil, estaba muy lejos, como escondido, refugiado, después de la invasión sufrida durante el legrado. El vacío era precisamente que había dejado de sentir mi útero a cada momento, tenía que poner mucha atención en el para escucharlo, percibirlo, respirarlo... Le conté la experiencia a una amiga, también Doula, entonces me propuso un ejercicio que hice el día 08 de agosto y ahora os cuento en que consiste.
Se deja calentar al sol directo entre medio kilo y un kilo de arcilla verde, puede ser roja tambén. La colocamos en un recipiente de cristal que tenga bastante superficie, ya que queremos que le de el sol a toda la arcilla. Para esto también podemos ir haciendo surcos cada cierto tiempo, así el sol llega a más sitios. La dejamos durante unas dos horas y al mismo tiempo podemos dejar también al sol medio litro de agua. Pasadas las dos horas vamos añadiendo agua caliente a la arcilla, dejando que se mezclen ellas solas, teniendo cuidado con poner mucha agua de golpe o se quedará muy líquida. Cuando miremos que tiene una textura untable podemos comenzar a colocarla en nuestro útero, dejando una capa de 2-3 cm de grosor y cubriendo toda su extensión. Ahora nos quedamos tumbadas al sol hasta que vaya secando.
Yo estuve dos horas al sol con la arcilla en el útero y la experiencia fue maravillosa. Al poco tiempo comecé a notar otra vez el latido de mi útero, entonces pude reconectarlo con mi corazón. Después fui sintiendo su respiración, su movimiento, su espacio... Fue un momento de felicidad pura y absoluta. Ahora, casi un día después, sigo sintiendo mi útero como antes del legrado, bueno, como antes no, realmente hai cambios nel. Segue estando algo dolorido, e ó mesmo tempo está rexenerándose, nutriéndose de vuelta. Lo que sí conseguí después de la arcilla fue notarlo todo el tempo conmigo, respirando conmigo, latiendo conmigo... respirándonos, latiéndonos, nutriéndonos.
Que el sol caliente vuestro cuerpo, vuestro útero, vuestro ser.
Encarna Llor
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